Credo Congregacional
Creemos en UN SOLO DIOS que existe en TRES PERSONAS, y que como tal se manifiesta y se relaciona con la creación, siendo una la persona del PADRE, otra la del HIJO O EL VERBO, y otra la del ESPÍRITU SANTO. Los tres son iguales en esencia, en gloria, en majestad, en santidad y en divinidad.
Creemos que Jehová/Yahvé [Ex 3:13-15], es el único Dios verdadero [Juan 17:3], creador y sustentador del universo y de todas las cosas que en él hay, tanto materiales como inmateriales, visibles e invisibles.
Creemos que Jesús es Dios [Juan 1:1-3; 1 Juan 5:20; Tito 2:13, Hebreos 1:3; Colosenses 1:15,17; Colosenses 2:9; Apocalipsis 1:8; Filipenses 2:6], siendo, desde la eternidad, UNO con el Padre y con el Espíritu Santo.
Creemos que Jesucristo vino al mundo para darse voluntariamente como sacrificio por nuestros pecados, muriendo clavado en una Cruz.
Creemos que Jesucristo, luego de morir, fue sepultado, pero a causa de su obediencia, fue resucitado corporalmente al tercer día por el poder de Dios que operó en Él por medio del Espíritu Santo, y siendo exaltado y glorificado, se sentó a la diestra del Padre en lugares celestiales desde donde ejerce toda potestad en el cielo y en la tierra [Hechos 2:24,32; 3:15; Efesios 1:19-20; Filipenses 2:8-9.
Creemos que el sacrificio de Jesucristo, fue también Propiciatorio, Perfecto y Completo, perfecto Hombre y perfecto Dios, pudo satisfacer de manera perfecta, plena y completa la justicia requerida por Dios a causa del pecado; de modo que todo lo que debía hacerse para que fuésemos redimidos, expiados, regenerados, santificados, justificados y reconciliados con Dios, fue logrado una vez y para siempre y en su totalidad por medio de su muerte de cruz.
Creemos que como resultado de la obra perfecta de Jesucristo, el Espíritu Santo vino al mundo para morar en el creyente, siendo Éste la Promesa del Padre cumplida en el día de Pentecostés.
Creemos que el Espíritu Santo, Arras y la Unción que tenemos de parte de Jesucristo, y que permanece en el creyente santo y le enseña y le hace discernir todas las cosas relacionadas con la Santa Palabra de Dios [Efesios 1:14, 2 Corintios 1:21; 1 Juan 2:20,27; 1 Corintios 2:14].
Creemos que la llenura del Espíritu Santo es un proceso de crecimiento y fortalecimiento espiritual regulado por la disposición del creyente a madurar y crecer en cuanto a su relación con Dios, amarle de todo corazón, con todas sus fuerzas, con toda su mente y con toda su alma; someter los deseos de la carne; orar continuamente y amar al prójimo como a uno mismo; no tener mayor concepto de sí del que debe tener, sino considerando humildemente a los demás como superiores a uno mismo.
